Vivimos expuestos a estímulos constantes: notificaciones, imágenes, información infinita. El cerebro no fue diseñado para procesar tanto en tan poco tiempo, y por eso aparece el cansancio mental, la ansiedad y la sensación de estar siempre apurados y “en falta”, aunque no lo estemos.
En tiempos que parecen tan veloces, en momentos donde todo se vuelve ruido, y reina el caos… estos son los principales hábitos que trato de cultivar porque me devuelven la calma. No siempre puedo cumplir con todos, no siempre tengo ganas de hacer el esfuerzo (aunque sepa que me hacen bien), pero trato de sostenerlos, aunque sea unos minutos por día, porque el verdadero resultado, viene acompañado de práctica, repetición y constancia.
Hace poco estaba reflexionando sobre esto, ordenando la lista de hábitos salvadores que me ayudan a canalizar o bajar la ansiedad en momentos de caos, y como escribir es uno de ellos, pensé… por qué no los bajo a papel y los comparto en el BLOG? Tal vez algunos o varios de ellos ya los tengas implementados, y tal vez otros te puedan ayudar a vos también.
A mí, el caos me genera mucha ansiedad y bloqueo, en cambio el orden y la estructura, me llevan a la acción y la calma, así que acá te comparto los 8 hábitos, o la estructura en la que me apoyo, para volver a la calma en medio del caos.
1: ESCRIBIR.
Escribir libera la mente, ordena pensamientos y emociones. Bajar ideas a un papel, ordenarlas y pasarlas en limpio, me ayuda a liberar la carga mental de muchas cosas que tengo dando vueltas en la cabeza y me generan ansiedad y ruido innecesarios. La escritura no es simple lineal, pueden ser listas de pendientes, objetivos, proyectos, ideas… o puede ser simplemente hacer journaling, escritura libre o frases sueltas. Cada estilo de escritura tiene sus beneficios particulares, pero sin dudas, todas son una excelente herramienta para ayudarme a poner en palabras y bajar la carga interna de pensamientos.
2: MOVERME.
Hacer ejercicio todos los días es uno de los hábitos que adopté como innegociable en mi vida en los últimos meses. Mover mi cuerpo diariamente me ayuda a reducir el estrés, la tensión y la fatiga mental; al mismo tiempo que me llena de energía y claridad. Cuando nos movemos liberamos endorfinas, dopamina y serotonina, neurotransmisores que reducen el estrés y mejoran el estado de ánimo. Hacer ejercicio era algo que antes hacía 3 veces por semana, o en mi tiempo libre, pero ahora entendí que es algo que debe estar mi lista de prioridades diarias para que el resto pueda funcionar bien. No siempre contamos con el mismo tiempo, ni el mismo contexto para hacerlo, pero siempre podemos movernos, así sea una rutina en casa de 10, 15, 20 minutos, o una caminata, todo suma para activar, hacer fluir la energía y canalizar la ansiedad.
3: LEER.
Había perdido el hábito de leer porque “no tenía tiempo”, no lograba concentrarme en una página, me distraía con facilidad pensando en mis pendientes, etc… excusas. Hasta que me propuse volver a la lectura por necesitad, lo incorporé como una pausa consciente, como una necesitad de desconectar para reconectar. Porque leer es uno de los hábitos más simples y, a la vez, más transformadores que podemos cultivar. Al leer, nuestra mente se expande. Descubrimos nuevas ideas, nuevas formas de pensar y perspectivas que no habíamos considerado. La lectura estimula la imaginación y creatividad, fortalece nuestro vocabulario y nuestra capacidad para concentrarnos. Descubrí que una pausa de lectura es una manera de cuidarme, es algo que me invita a frenar y estar presente. La falta de tiempo ya no es excusa, no es necesario leer horas para sostener el hábito, lo importante es el compromiso de leer una página, un capítulo, un ratito todos los días, y sin darnos cuenta vamos calmando nuestra mente y sumando otro buen hábito a nuestra rutina.
4: ESTAR EN CONTACTO CON LA NATURALEZA.
La mejor medicina. El contacto con la naturaleza, el aire libre, las plantas, los animales me calman automáticamente. El “silencio”, el sonido del viento, el movimiento de las hojas, el canto de los pájaros, es la sintonía en la que me siento más cómoda y a gusto. Y no creo ser la única, ya que nuestro cuerpo reconoce esta frecuencia como un ritmo natural (aunque muchas veces lo olvidemos) y dejamos de estar en modo “alerta”. Cuando pasamos tiempo rodeados de naturaleza, nuestro sistema nervioso cambia; baja el estrés, nuestra respiración se vuelve más profunda, disminuye la frecuencia cardíaca y el ruido mental, nos sentimos más livianos. Es increíble el cambio de energía antes y después de un paseo a caballo, una caminata entre los árboles o un rato en el mar. Si estoy en casa, me propongo pausas intencionales de jardinería sin distracciones. El simple hecho de desmalezar, regar un rato, podar alguna planta o simplemente caminar descalza en el pasto y observar los cambios del jardín a lo largo del día y las estaciones, ya me hace muy bien.
5: ORDENAR.
Hay una frase que dice… “como está el afuera, está el adentro”. Si nuestro entorno, nuestra casa, nuestro espacio, está en constante desorden, es imposible estar en paz. Cuando mi espacio es un caos, siento mucha intranquilidad, siento que el ruido me nubla y necesito orden para poder estar en calma y pensar con claridad. Entonces me propongo ordenar algo, puede ser un espacio, un armario con cosas guardadas que ya no cumplen ninguna función (más que estancar energía), un ambiente, un cajón, mi ropa o la de mis hijos. Cuántas cosas guardamos porque sí, cuánta ropa tenemos que ya no nos va, que no usamos hace años porque ya no nos representa, porque no nos entra, o lo que sea… ordenar, liberar, mover, circular, es algo que me hace muy bien y me genera paz.
6: COCINAR ALGO RICO O ALGO NUEVO y CREATIVO.
Todo lo que gire en torno a la cocina me gusta, me genera bienestar. La cocina para mí es una herramienta para conectar con los sentidos, bajar el ritmo, dejar fluir la creatividad y compartir con los que quiero. Claro que la cocina diaria puede volverse monótona y hasta aburrida, claro que también me pasa. Pero cuando siento ansiedad, estrés y caos externo, o interno, desconectar de todo y enfocarme en una nueva receta, probar y experimentar nuevas técnicas, sabores y colores, es algo que me hace muy bien. O puede ser simplemente hacer cookies para mis hijos, o amasar un pan (algo que hago religiosamente todas las semanas, el pan en casa siempre es casero) el simple hecho de conectar con las manos ya es terapéutico y liberador, lo recomiendo 100%. Si no te gusta cocinar, tomalo como un juego, como un espacio creativo, es muy probable que si te acercás ahí desde el lado del juego, el relax y la desconexión, tu tiempo en la cocina empiece a tener otro significado, y tal vez hasta te termine gustando.
7: DORMIR BIEN, COMER MEJOR, DESCANSAR, AGRADECER y MEDITAR.
Cosas tan simples, básicas y gratis que tenemos en la vida y que muchas veces no hacemos, justamente por darlas por sentado. A medida que van pasando los años me doy cuenta lo importante que es a nivel físico, mental y emocional, mantener el cuidado de estos simples y buenos hábitos. Si no duermo bien, es imposible que al día siguiente tenga la capacidad de encarar el día con buen ánimo, si no como bien, alimentos que me nutran y no me drenen la energía, es imposible que mi sistema funcione y trabaje bien. Antes consideraba que tenía que ser "productiva" el 100% del tiempo, no disfrutaba del descanso ni del tiempo que yo consideraba "que estaba perdiendo" sin hacer eso que en mi cabeza "debería estar haciendo". A la fuerza y después de varios golpes, aprendí que las pausas conscientes y el disfrute del tiempo libre, son tan importantes como "el hacer", para luego poder hacerlo bien. La práctica de la gratitud y la meditación, son de las últimas prácticas que incorporé para bajar la ansiedad, habitar el presente y calmar mi mente, y debo decir que me hubiese encantado haberlas incorporado antes en mi vida. (Creo que este tema se merce un posteo aparte).
8: DESCONECTAR; REDUCIR EL TIEMPO EN PANTALLA.
Cuando mi mente está colapsada y el afuera es un caos, una catarata de información sin filtro, siento que las pantallas son una invitación al consumo desmedido, un pasaje a la insatisfacción, la comparación y el F.O.M.O. Es cuando más que nunca me propongo desconectar y conectar con mi interior, con lo que me hace bien, con quienes me rodean. Estar presente con las personas que comparto el momento sin distracciones, estando 100% ahí, dedicarles atención y tiempo de calidad me conecta con mi esencia y me enfoca en el presente. Al necesitar de las redes para trabajar, no puedo desconectar tanto como me gustaría, entonces, tengo algunas herramientas que me ayudan a limitar mi tiempo en pantalla y a hacer uso de la tecnología cuando YO la necesito, no cuando ELLA y todo el mundo externo quieren mi atención. Tengo el teléfono sin sonido ni notificaciones hace ya muchos años, me seteo tiempos en pantalla, hago la práctica de las pausas intencionales, no lo tengo cerca si estoy comiendo o haciendo algo con mis hijos, lo dejo a un costado con la pantalla para abajo cada vez que estoy enfocada en otra área de mi trabajo que no sean redes, y algunas "reglas" más. Desconectar de lo digital no es rechazar la tecnología, sino volver a equilibrar nuestra energía y usarla a nuestro favor.
Estas son las principales herramientas que intento cultivar para mantener la calma cuando sobreviene el caos.
Si me leíste hasta acá, gracias!
Espero que te sirvan, espero que ya estés practicando alguna, o todas ellas también, y si tenés alguna sugerencia que sume, me encantaría leerte.
Hasta la próxima,
Josefina
Greenbox Team
