Me quedé pensando en el último posteo del BLOG, sobre cómo nuestra relación con la ropa afecta nuestro estado de ánimo, y automáticamente vinieron recuerdos de una época en dónde ayudaba a mujeres a encontrar y definir su estilo, simplificar y potenciar su manera de vestir, a menojar la relación con su imagen, su ropa, y en consecuencia tambien, su cuerpo y autoestima.
Hay una frase que probablemente todas dijimos alguna vez, frente a un vestidor completo:
“No tengo nada que ponerme.”
Y, sin embargo, ahí están las perchas llenas, los cajones que apenas cierran y esa sensación de que nada funciona.
Con esa experiencia entendí, que muchas veces, el problema no es la ropa, sino la falta de coherencia entre lo que somos y la ropa que tenemos. El problema es cómo y cuándo la elegimos, o por qué aún la conservamos.
Otras veces es la falta de autoconocimiento y el exceso de compra por impulso.
¿Y si el problema no fuera qué ponerte?
La vida no es rígida ni lineal. Vivimos cambiando. Cambian nuestras rutinas, nuestro trabajo, nuestros proyectos, nuestro cuerpo, nuestros gustos y también la manera en que queremos mostrarnos al mundo.
Pero, generalmente, el vestidor suele quedarse detenido en versiones nuestras anteriores.
Es muy probable que si te acercás a tu vestidor en este momento, puedas identificar algo de esto:
La ropa que compramos para un trabajo que ya no tenemos.
Las prendas que elegimos siguiendo una tendencia que nunca sentimos realmente propia.
Los estampados o colores que amábamos hace años y ahora no podemos ni ver.
Las compras impulsivas que parecían una buena idea en el momento, pero que jamás volvimos a usar.
Los talles que ya no son, ni volverán a sentirse adecuados.
Y así, sin darnos cuenta, nuestro vestidor empieza a contar una historia que ya no nos representa.
Vestirse debería ser más simple
Cuando un guardarropas está alineado con quien sos hoy, elegir qué ponerte deja de ser una pelea diaria.
No porque tengas infinitas opciones.
Sino porque cada prenda tiene un propósito.
Habla de vos.
Combina con las demás.
Se adapta a tu estilo de vida.
Favorece tu cuerpo.
Ilumina tu cara.
Potencia tu imagen.
Y, sobre todo, hace que te sientas cómoda siendo vos misma.
Ese es el verdadero arte de saber vestir: abrir el vestidor y reconocer tu identidad en él.
La pregunta correcta no es “¿Qué me falta comprar?”
Quizás la mejor pregunta sea otra: ¿La ropa que tengo habla de la mujer que soy hoy?
Porque muchas veces seguimos comprando para la persona que creemos que deberíamos ser.
O para esa ocasión imaginaria que casi nunca llega.
Para “estar a la moda”, o para aprovechar un descuento que parecía interesante.
Pero para mejorar nuestra relación con la ropa y alinearnos con nuestra imagen actual, vale la pena observar cómo transcurren realmente nuestros días.
Y ahí algunas buenas preguntas antes de pensar en qué nos falta, podrían ir en esta línea:
¿Cómo es mi rutina?
¿Dónde paso la mayor parte de mi tiempo?
¿Cómo me quiero sentir?
¿Qué prendas uso una y otra vez?
¿Cuáles son las que siempre quedan olvidadas?
¿Me gusta lo que tengo puesto hoy?
Las respuestas sinceras a estos interrogantes suelen ser mucho más valiosas que cualquier tendencia.
Un vestidor que trabaja a tu favor
No necesitás más prendas, necesitás mejores decisiones.
Necesitás empezar a construir un vestidor que no esté lleno de ropa, sino de elecciones conscientes.
Que represente tu versión actual, tu estilo de vida y la manera en la que querés habitar el mundo.
Prendas elegidas con intención, que puedan acompañarte durante años, combinar entre sí y adaptarse a distintas ocasiones.
Necesitás invertir en siluetas que respeten y potencien tu cuerpo, en lugar de obligarte a entrar en ellas.
En colores y texturas que saquen lo mejor de vos.
En prendas de calidad y materiales nobles que envejezcan bien.
En ropa que simplifique tu vida, en lugar de complicarla.
Porque cuando cada prenda es elegida pensando en vos, vestirte deja de ser un problema y se convierte en un pequeño ritual cotidiano.
Tal vez necesites mirar tu vestidor con otros ojos.
Descubrir qué versión de vos sigue ocupando espacio.
Cuánta ropa acumulada tenés que ya no te representa.
Y hacer lugar para la mujer que sos hoy.
Porque, al final, sentirte bien con tu imagen no se trata de tener más.
Se trata de que cada pieza tenga sentido.
De que cada mañana, cuando tengas que vestirte, lo primero que encuentres sea un reflejo de vos misma.
Y de que la ropa deje de ocupar espacio en tu cabeza y simplemente empiece a acompañar la vida que elegís vivir hoy.
Y para cerrar, te dejo una pregunta a modo de reflexión:
¿Hace cuánto no revisás tu vestidor pensando en quién sos y cómo te gustaría sentirte hoy?
Hasta la próxima,
Josefina
Greenbox Group
